lunes, 31 de diciembre de 2012

Doce


Se nos escapa otro año. Y, como siempre, toca decir adiós a muchas cosas y tratar de empezar a vivir un año nuevo, un dos mil trece de promesas, sorpresas y (nuevas) rutinas. Del 2012 recuerdo muchas cosas, algunas malas y otras buenas. Si he de hacer balance… la verdad es que no sé qué decir. En muchos sentidos me he “desenamorado” un poquito de todo. Ha sido un año de crecimiento y de inmovilidad al mismo tiempo, doce meses de contrastes y contradicciones. Por eso están ahí arriba los Beatles, por ser uno de los leitmotivs de este 2012, un punto de referencia y de apoyo. Además de que este año ha sido su cincuenta aniversario, todo hay que decirlo… Claro que ha habido muchos más leitmotivs en ese año de vaivenes, de noches sin dormir y de felicidad absoluta, muchos puntos de apoyo, personas recurrentes, pequeños guías que, más allá de los acordes de los Cuatro, me han cogido de la mano y me han hecho seguir hacia delante. Así que, repito, si he de hacer balance… no sé qué decir. Quizá sin la oscuridad la luz no tendría sentido. Por tanto y, de cualquier forma, el 2012 se merece un homenaje: y me cito a mí misma al decir que este homenaje a lo que hemos vivido este año es un prólogo a todo lo que aun nos queda por vivir.

El 2012 empezó con esas maneras de empezar el año: nuestro primer cotillón, mis primeros zapatos de tacón. También cumpliste 20 años y te regalé un caligrama. El blog cumplió también 4 añitos y soplamos las velas. Tuve mis primeros exámenes universitarios, toda una chica mayor: gané mi primera matrícula de honor. En febrero hicimos dos años juntos, ¿te acuerdas?  Al poco tiempo nos auto-regalamos unos billetes de avión. En marzo las cosas se torcieron. Papá se puso enfermo y todo se enfermó a mí alrededor. Recuerdo con algo de horror las clases tan bonitas sobre morfología con apuntes manchados por lágrimas. También recuerdo cafés de desahogo y el papel sucio con mala letra con todas las cartas que jamás leerás. La verdad es que, ya te lo dije, a lo largo de este curso te he inventado en todos sitios porque muchas veces has faltado. Inventé además los miércoles con Salinas que me tranquilizaban y me hacían reencontrarme con la buena poesía.

También es verdad que ahora se me borran las cosas y desde marzo hasta junio  hay una laguna donde solo puedo situar la música de George Harrison y la Lingüística General. Se me pierde marzo entero, abril, mayo. Aunque no me olvido de varias cosas buenas: me publicaron mi carta al director en la revista de filología Esdrújula y gané el 2º Premio de Relato Breve San Isidoro de la Faculad con Yo ton chien y tú mi correa.  Luego me pediste perdón y me escribiste una carta, yo antes te había regalado un disco de The Small Faces con una foto que tienes colgada ahora en tu corcho y, acto seguido, me había ido a llorar al baño. Después cumplí los 19 y entramos en una especie de maravilloso oasis: me saqué el carnet de conducir, la operación de papá fue (aparentemente) bien, tuve temporada de playa y nos fuimos de viaje: Londres y Liverpool. Uno de los momentos de los que hablaba al inicio de la entrada, de esos de felicidad plena, absoluta, irremediable. Repetiría esos 15 días constantemente, con eso está todo dicho. Y luego en agosto repetimos y descubrimos Munich.

A la vuelta de verano el blog cambió de apariencia: el protagonista explícito (porque implícito ya lo era desde hace tiempo) pasó a ser Georgie, de quien me he enamorado este 2012 (una de las cosas buenas, sin duda, como descubrir sus Early Takes o el magistral documental de Martin Scorsesse). A la vuelta de verano también pareció romperse ese oasis, se apagó la luz. Pero por fin me regalaste rosas y llegó septiembre, que siempre es un mes acogedor, de carrouseles. Y empecé 2º de carrera. La carrera es una suerte de refugio y, por supuesto, supone mi mayor motivación: acabarla, poder dedicarme a lo que me gusta, irme a vivir de una vez contigo. Las horas de clases siempre me enseñan algo, nunca son en vano. Una pena, por tanto, no haber podido entrar en la Escuela de Idiomas de alemán pero, para compensar, nos hemos apunto a teatro y aquí estamos, con Shakespeare, Hermia y Lisandro, perdiéndonos y enamorándonos por el bosque. La carrera es también la vuelta a la rutina y la vuelta a las dificultades, al estancamiento. Pero sobrevivimos. Y vamos aprendiendo día a día. Y nos recompensamos con pequeños regalos, como nuestra escapada a Barcelona a principios de diciembre.

En definitiva, este año ha sido una suerte de prueba que he superado. Ha habido cosas feas, muy feas: como he dicho, me he desenamorado un poco de todo, ha sido como poner los pies en la tierra y abrir los ojos… He perdido mucha confianza, he llorado mucho y he escrito poco (al menos, cosas con algo de sentido). Me he sentido sola pero creo que me he hecho más fuerte. Y así vamos a seguir adelante, con total esperanza en el 2013, como si fuese el antídoto del veneno.

Pese a todas estas cosas feas, ha habido cosas muy bonitas. Y personas muy bonitas. En primer lugar, las Lauras de la EOI han sido siempre una excusa para la risa, la buena música y los buenos cafés. También ha jugado un papel muy importante en este año mi profe y amigo Iñaki, al que echamos todos terriblemente de menos este curso. Los filólogos han seguido allí, por supuesto; y a ellos se han unido el magnífico grupo de teatro Morfeo, que suponen el oasis de descanso dentro del vaivén de la semana.

Y, claro, está Guille. Guille, qué te voy a decir. Que eres un pesado, sí, que espero que este año te portes mejor, que me has pisado mucho los zapatos. Que espero que te afeites para el cotillón, también y que no me eches la bronca por haberme quedado hasta las 2am para escribir todo esto. Que, pese a todo, me sigas haciendo reír como tú sabes. Que arreglemos las cosas como hasta ahora, o incluso mejor. Que viajemos tanto como este año, o incluso más. Que me hayas perdonado y que me sigas perdonando. Que sigas pidiendo perdón cuando algo vaya mal. Que sigamos caminando juntos, que lleguemos a casa. Que eres todo lo que necesito y que, pese a todos los quebraderos de cabeza que me das, eres mi vida. Te quiero, Guille. Vamos a seguir creciendo juntos.

Porque, en definitiva, este año ha consistido en esto: crecer. Y, bueno, qué queréis que os diga… crecer no está nada mal. Me he caído, sí, pero aquí estoy. Y soy feliz.

¡Sed felices vosotros también!

Feliz 2013.
(porque como dice George, a la luz del día se le da bien llegar en el momento adecuado. Deslumbraos)

1 comentario:

Guillermo Blanco dijo...

Ala, Nata, perdoname, porfaplis. Yo ya estoy haciendo los deberes, mira. Mira cómo sonríes. ^^ Este año vamos a viajar más, vamos a querernos más. Te voy a volver a enamorar. Este año sumado hace un 6 (2+1+3) que es nuestro numero. Es nuestra marca. (Tambien es una G, y también es una a en espejo). Nuestro tercer año juntitos ya. Ya somos un niño que habla. Que no sólo ríe y llora. Somos mayores cie. Vamos a explorar el mundo y pronto lo haremos nuestro. Hemos empezado por el arroz trece licias, la Sala López y la cafetera de mi Mamá. ¿Qué quieres que conquistemos ahora? Por cierto, te amo tanto, ¿sabes?